Desde que los seres humanos se convirtieron en seres racionales, comenzaron a cuestionar todo aquello que lo rodeaba, buscando respuestas a las incógnitas o los acontecimientos naturales que pasaban delante a sus ojos y que no podían responder tan fácilmente; con el paso del tiempo, el ser humano comenzó a reunir información, aprendiendo de sus antepasados y empezó a inventar artefactos basados en la naturaleza para facilitar su vida. Sin embargo, estas acciones no fueron suficientes para satisfacer la mente del humano que, generación tras generación, comenzó a evolucionar y a profundizar en preguntas acerca de su esencia por persona, asi como también en la vida y la muerte. En la cultura oriental, comenzaron a emerger diferentes movimientos filosóficos que trataban de resolver estas cuestiones, como lo fueron el budismo, el taoísmo y a filosofía africana, las cuales afirmaban que los seres humanos no tiene una esencia fija, sino, su carácter y comportamiento se basa únicamente por las experiencias vividas a lo largo de la vida de la persona. Para comprender más acerca de esto se hablara de cada uno de estas corrientes con la misión de entender cómo llegaron a esta conclusión.
Hace 2500 años, Lao Tze, originario de China, creó un movimiento ideológico llamado taoísmo, el cual afirma que todos tenemos un tao, o un camino que tenemos que andar, y cuando se camina usando la humildad, simpleza, el ceder sencillo, la serenidad y la acción sin esfuerzo, al final podrá alcanzar la iluminación o lo eterno. Esta enseñanza se puede encontrar escrita en el texto sagrado llamado tao-te-ching, la cual dice que si un persona logra descubrir su tao, será capaz de descubrir una consciencia pura, y por ende será capaz de admirar la verdad interna de todo ser y cosa, el significado primigenio, la unidad sin divisiones, la realidad última.
En cambio en el budismo afirma que el ser humano debe de tener pureza de mente y de acción, al igual que la acumulación de acciones buenas en su karma, para poder alcanzar el estado de Nirvana o iluminación el cual es el desprendimiento de toda clase de sufrimiento de una vida cíclica, es decir, dejaría de renacer al haber comprendido lo que es la vida. Este movimiento filosófico fue creado por Buda, quien era el hijo de un rey que buscaba la solución a la infelicidad y sufrimiento de los humanos, y por ello dejó su vida de riquezas para pasar a la vida de un monje. Con el paso del tiempo y meditación, llegó a la conclusión de que si el ser humano era capaz de desprenderse de todo aquello que pudiera hacerlo sufrir si llegara a faltar algún día, sería capaz al fin de alcanzar el nirvana.
La filosofía africana, al igual que las dos últimas corrientes, afirma que todos tenemos alguna clase de misión, pero en este movimiento, nuestra misión es para beneficio de nuestra comunidad, ayudando de alguna manera a ellos para que así, la experiencia o conocimiento dejado por nuestra persona pueda ser utilizado por las siguientes generaciones. Nuestra vida está dividida en dos partes, el Sasa y el Zamani. El Sasa es el tiempo presente en donde vive la persona y su comunidad, también es el espacio de la acción y la preocupación cotidianas. No existe un tiempo lejano futuro, puesto que está concebido en el Sasa. El Sasa contiene además la experiencia de la existencia del individuo y por ello, cuanto más vive una persona más amplia será su Sasa. En cambio el Zamani es el final de todo tiempo, y en el que el propio tiempo desemboca y muere. En este todo se remansa; el dolor queda sanado, lo complejo se disuelve, y las memorias se olvidan; es decir ya no hay ni antes, ni ahora ni después y es donde el Sasa cobra luz y sentido puesto que toda la experiencia y memorias individuales de esa persona pasan a ser de la comunidad al ser aprendidas o recordadas por sus seres queridos y todo aquel que lo conoció.
En ni una de estas tres corrientes se habla de un ser divino o superior ni tampoco de un alma o esencia que se una a él, sino, se habla de la sabiduría adquirida a lo largo del tiempo mediante reflexiones y acciones bondadosas hacia los seres que lo rodean, para que, al morir, sea recompensando por ello con paz y un descanso eterno, o bien el ser recordado por las personas que le aman de una manera agradable y feliz. También, enseñan apreciar el presente y a los que están en él al saberse que el presente es el que se tiene para vivir y actuar ya que tanto el pasado como el futuro en estos movimientos no es algo tan importante como el poder comprender el tiempo presente.